
El terremoto de Japón de magnitud 8,9 que ha sacudido el noreste del país y que ha provocado un tsunami en el Pacífico obedece a las
condiciones geológicas específicas de esa zona del planeta.
Cada 30 segundos se produce un temblor. Sin embargo, no todos ellos son perceptibles para nuestros sentidos. Los de mayor intensidad suceden cada pocos meses y son conocidos como "terremotos". ¿Por qué se les identifica con un determinado grado? ¿Cómo se miden?
La corteza de la Tierra está formada por 12 placas de aproximadamente 70 kilómetros de grosor (Americana, Sudamericana, Euroasiática, Africana, Antártica, Indo australiana, Filipinas, del Pacífico, Cocos, Caribe, Arabe y Nazca), las cuales se están acomodando constantemente y desde hace millones de años. Gracias a esto, se han originado los continentes y los relieves geográficos.
Generalmente estos movimientos son lentos y casi ni se sienten, pero otras veces estas placas chocan entre sí sobre un océano de magma (masa fundida, como lava) presente en las profundidades de la Tierra, lo que impide su desplazamiento y genera una acumulación de energía que en algún momento debe liberarse... Justamente durante los terremotos.
Las zonas donde las placas ejercen fuerza entre ellas se denominan "fallas", que a su vez son específicamente los puntos donde con más probabilidad se originan los fenómenos sísmicos. Sólo el 10% de los terremotos suceden lejos de los límites de estas placas.
Pero también existen otras causas: la actividad subterránea originada por un volcán en proceso de erupción, y las fuerzas externas provocadas por el hombre, como por ejemplo, los experimentos nucleares o el poder que ejercen los millones de toneladas de agua acumuladas en represas o lagos artificiales.
Japón está situado sobre un contexto geólogico de subducción activa. En otras palabras, bajo el país se produce un movimiento continuo de colisión entre dos placas tectónicas, de modo que una se va introduciendo debajo de la otra. Ese choque entre placas produce una fricción entre bloques de terreno, unas deformaciones que al final provocan que el 'suelo' se rompa y se libere la energía sísmica.
Hay dos formas de medir los terremotos: según su intensidad o dependiendo de su magnitud.
La primera se realiza utilizando la Escala de Mercalli, la cual mide cómo se sintió el temblor en cada localidad afectada por el sismo. Es decir, se mide el movimiento del suelo (la superficie) en el punto donde se produce exactamente el terremoto; éste se llama epicentro. Desde aquí se liberan la ondas que más tarde pueden causar verdaderos desastres. La Escala de Mercalli va desde el grado 1 al 12 y ya casi está en desuso.
Más precisa es la Escala de Richter, que mide la magnitud, tomando en cuenta la energía liberada en el foco o hipocentro, una zona del interior de la Tierra - ubicada debajo del epicentro - donde comienza la fractura o ruptura de rocas, y que también se propaga mediante ondas sísmicas, es decir, es una zona de la profundidad de la Tierra desde donde se libera la energía.
Es una escala abierta hacia arriba o hacia abajo en lo que respecta a los grados, aunque lo común es que se manejen 10 grados. Actualmente se utiliza en Japón, América y China.
Algunas Curiosidades
El Servicio Sismológico de la Universidad de Chile registra entre 300 y 500 sismos mensuales a lo largo del país. La gran mayoría no son perceptibles por la población.
La máxima medida tomada ha sido de 9,5 grados, los que se registraron en el terremoto de Valdivia(1960. Este terremoto rompió la tierra desde Concepción hasta Aysén. En este terremoto se liberó la mayor cantidad de energía medida en un terremoto en el mundo, con una ruptura de falla de 1000 km y desplazamiento 20 metros. Las réplicas continuaron por un año.
Normalmente las regiones Octava y Novena tienen sismicidades más bajas que la zona norte. Sin embargo, los récords en cuanto a grandes magnitudes están en la zona sur.
En la actualidad existen 80 estaciones que monitorean la frecuencia con que se producen estos eventos, aunque todavía existen zonas que carecen de estos instrumentos.
Hay zonas que se denominan "huecos o brechas sísmicas", es decir, lugares donde históricamente se han registrado grandes terremotos, pero que los últimos 50 o 60 años no se han vuelto a repetir.
En el mundo se produce un millón de movimientos sísmicos anuales, de los cuales sólo seis mil son advertidos por el ser humano.